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¡La Unión Económica Europea existe! "Voyons"!
¿El IBEX sube hoy más del 14% y s¡guen siendo malos los especuladores, o qué? Finalmente, los Ministros de Finanzas (mientras subsistan éstas) de Europa han tomado al toro por los cuernos y han decidido trabajar, en el sentido apropiado. ¿Por qué no lo hicieron antes? Pues porque la soberanía política, que no nacional, y la poca visión de nuestros políticos europeos, por mediocres, no les dejaba ver el problema hasta que lo han tenido encima.
Es útil, a veces recordar quiénes somos los europeos o quiénes eramos -al menos- en 2009, en comparación con nuestros mayores contendientes económicos: Estados Unidos y China.
- Estados Unidos tiene 307 millones de habitantes, un PIB de $14.256 millones, 50 Estados, una extensión de 9.2 millones de km2 y un PIB per capita de $46.000.
- China tiene 1.313 millones de habitantes, un PIB de $4.421 millones, 23 Provincias, una extensión de 9.596 km2 (semejante a EE.UU.) y un PIB per capita de $3.200.
- Y, nosotros pobres, los de la EU-27 tenemos 501 millones de habitantes, un PIB de $16.447 millones, 27 Estados, una extensión de 4.3 millones de km2 y un PIB per capita de $33.000.
¡Qué grandes e importantes somos en el mundo, y qué inconscientes!
Pero, nos pasamos el día mirandonos el ombligo. ¡Que si los catalanes o los vascos, por aquí! ¡Que si no sé qué y no se cuántos de nada, por allá! Los españoles no tenemos la grandeza de ver a qué pertenecemos, encerrados obsesivamente en un provincianismo inculto, que no nos puede llevar a ningún sitio bueno. ¿Pero, no eramos "una unidad de destino en lo universal", o qué?
Ni que decir de nuestros "little" Zapateros y Rajoys, que estan a la que salta electoralmente, quiza con buena intención, pero mirando desde el campanario de las iglesias donde les bautizaron en Valladolid y Santiago de Compostela, respectivamente, a ver dónde acaba España o la provincia, y empieza Europa. ¡Pero es que Europa somos todos, incluidos los españoles, oiga!
¡Que sí, hombre, que sí!
No es mucho mejor lo que hacen los demás europeos, Merkel, Sarkozy, Berlusconi, Socrates, Leterme, etc. Todos a lo suyo, a mantener le "petit blède", como dicen los franceses, y "cultivar el huerto" aunque reviente.
Cuando de golpe se han dado cuenta que, ¡ZAS! (onomatopeya del ruido de un golpe o de un tortazo), sus PIB's nominales caían a lo bestia por la depreciación del Euro. ¡Coño, si el Euro es nuestra moneda! ¿"Y quesque nu fesons mentenan"? ¡Pues "arrime le coude, com tulemond"! ¡¡Qué gente!! Y en un "pispas", un fondo de €750.000, de na, "que se ne pa bocu".
¡Hala, y para que luego no digan que no tenemos sentido de Estado!
Pero, Señoras y Señores, "soyons sérieux, voyons"! No es para gastar, es para una emergencia. Y habrá que seguir haciendo los deberes: reducir gasto público (del PP también, claro que si), aumentar la competitividad, y no ayudar con subvenciones a los "jetas" de la construcción española, que nos han llevado al desastre con la ayuda prevaricadora de la Administración Pública en las Comunidades y Ayuntamientos, a través de esas Cajas de Ahorros, que nos quieren hundir a todos. ¿O no?
¡Pues eso!
"Soyez heureux, quand même!"
Los mercados financieros son instituciones muy complejas en las que hay muchos participantes con diferentes horizontes temporales de inversión y de expectativas. Para que un mercado funcione eficientemente hace falta que la presión de demanda y oferta esté equilibrada, aunque incluso en esos escenarios se pueden producir burbujas o escenarios de pánico.Firma Invitada: José Carlos Díez Economista Jefe de Intermoney
Tras los excesos de crédito que se vivieron en la última década, la crisis financiera puso a la economía mundial al borde de la depresión, y los estados tuvieron que intervenir para evitar el colapso del gasto privado. La intervención tuvo éxito y el enfermo ya ha recibido el alta y se recupera favorablemente, pero ahora toca pagar el tratamiento. Para lograrlo, los estados han aumentado significativamente sus necesidades de financiación. Por lo tanto, podemos entender esta crisis fiscal que vivimos como una fase más de ese tratamiento médico.
La crisis es global pero el primer foco de infección se ha producido en Europa. Grecia comete un pecado capital en una economía de mercado, mentir a los inversores sobre sus cuentas públicas. Tiene que pasar su penitencia pero no por ello debe ser condenada al infierno.
Hace un año que hay dudas razonables sobre las cuentas griegas. El nuevo Gobierno tiró de la manta y en diciembre pasado era evidente la crisis fiscal y los serios problemas de financiación. En ese momento había que decidir entre ayudar a Grecia o dejar que fuera el Fondo Monetario Internacional (FMI) el que tomara la iniciativa. Han pasado cuatro meses y seguimos sin aprobar el plan y la tensión en los mercados ha ido en aumento.
Los fondos de pensiones y la mayoría de los fondos de inversión repelen niveles elevados de tensión y se retiran, y en ese momento el mercado queda en manos de especuladores profesionales que toman posiciones a muy corto plazo y lo hacen pidiendo prestado el dinero para invertir. Esa es la situación en la que nos encontramos, y eso facilita que simples rumores sin fundamento puedan provocar grandes vaivenes en el mercado.
La tentación es bramar contra los especuladores y buscar limitaciones al funcionamiento de los mercados, pero la clave consiste en conseguir que los inversores con dinero real vuelvan a los mercados. El pasado fin de semana los Gobiernos europeos dieron una señal contundente de que no se va a dejar caer a Grecia, pero todavía queda el proceso de aprobación en la cumbre de jefes de Estado y en los países, especialmente en Alemania donde hay unas elecciones clave este fin de semana. El Banco Central Europeo (BCE) también ha prestado su apoyo, aceptando que los bancos de la zona puedan seguir entregando deuda pública griega como garantía para conseguir financiación a pesar de haber sido calificada como bono basura. Si todo llega a buen puerto, la tensión disminuirá y los inversores volverán a valorar los activos por sus fundamentales.
España está en medio del volcán y sometida a presiones especulativas, pero la clave también es conseguir que los inversores institucionales retornen al mercado español. Para España, Europa nunca ha sido el problema sino la solución por lo que ahora es más europeísta que nunca. En el ámbito doméstico, hay que cerrar la reforma laboral y concretar el plan de estabilidad presupuestaria. En ambos asuntos el Gobierno es el máximo responsable, pero el compromiso de la oposición es imprescindible para reducir el gasto en las comunidades autónomas y en los ayuntamientos. Ánimo, podemos.